Friday, December 18, 2009

Crisis financiera psicológica

Sí, soy una adolescente (en la práctica, en la teoría soy adulta). Y sí, a lo mejor no veo las cosas tal y como las ve un adulto. Y no, tampoco me creo experta en el tema aquí tratado, de hecho no me considero, ni soy, experta en nada. Lo que sí creo es que, de momento, sé hacer la diferencia entre realidad y ficción. No niego que, de vez en cuando, mi mente escape a un mundo imaginario, donde los vagos como yo tienen alguna mera posibilidad de vivir bien, donde pierdo los 345345 kg de más que arrastro desde que nací, donde tengo una vida social...; pero de esto es responsable mi rica imaginación, de momento mi mente es (relativamente) normal: sabe diferenciar entre lo que es y lo que NO es real.

Entiendo, sí, que un hombre que tiene una empresa, grande o pequeña, y entiendo que un economista afirme 'sí señor, estamos en un período de crisis económica', a ellos les creo de verdad. Sin embargo, al hombre común, que desde el mismísimo día en que empezó a trabajar nunca ha parado de quejarse debido a la mala situación económica, NO le creo. Muchas personas de las que dicen hoy 'Ay dios, qué mal van las cosas, en estos tiempos no encuentras trabajo, la crisis, LA CRISIS!!!', ahora mismo trabajan, mientras que, tal vez, hace 3 años estuvieran en su casa parados. NO importa que estén trabajando, no importa que tengan el mismo salario que antes de la 'crisis', no importa que su vida en verdad no haya cambiado. NO. Ellos están en crisis financiera. Lo que importa de verdad aquí es lo que diga la televisión, pues ¿quién o qué posee la verdad absoluta si no aquella caja sagrada llamada Televisión? Ave, AVE la televisión! Metería la mano en el fuego... no no, en una caja llena de pirañas, gusanos y abejas, por afirmar que si el hombre de clase media no hubiese visto durante 5 meses a diario la misma noticia, ni siquiera sabría de qué se trata. Es una crisis de peces gordos, no de pezqueñines. La única diferencia que ha supuesto la crisis para nosotros, las personas comunes, es que cuando nos quedamos sin trabajo, cuando no nos llega el dinero a fin de mes, como ha ocurrido SIEMPRE, en vez de echar la culpa al hecho de que hay demasiados extranjeros, o que el jefe es un cabrón, o que, Joder, qué dificil es la vida, como siempre hemos hecho, ahora se la echamos a la crisis.

No, no encuentro trabajo. Exactamente de la manera en la que tampoco encontraba hace 2 o 3 años. Soy parte de la clase media, no me queda otra que soportarlo! Buscar escusas y explicaciones estúpidas y hacerse dueño de unas palabras que dijo una vez alguien que de hecho sabía de lo que hablaba, no es ninguna ayuda. Si no te afecta y no tienes ni puta idea, cállate y sigue tu camino! Pero bueno, la gente se aburre.

Así llegué a la conclusión de que el hombre común es víctima de la 'crisis financiera psicológica'.

P.S.: Hablo del 'hombre común' en un sentido estrictamente económico, claro está.

El último descubrimiento científico: todo lo que toca la muerte se convierte en oro

Y, de nuevo sin ocupación y llena de pensamientos filosóficos superprofundos, descubrí por primera vez otra teoría anteriormente descubierta por 34345346 personas: la muerte tiene mano de oro. Adherida estrechamente a lo anteriormente mencionado, encontramos la clásica frase 'Era un chico tan bueno...', cuando en realidad en vida nadie le soportaba. Esto en el caso de los 'mortales'. El equivalente en el mundo de las estrellas: una vez muertos, se convierten en leyendas. Porque han muerto.

Como no podía ser de otra manera, fuí inspirada por la reciente muerte del coronado 'king of pop' Michael Jackson. Bueno. El tío fue una leyenda desde que empezó a dar sus primeras pisadas en el mundo de la música. Ok. Hizo historia. Ok. Probablemente haya movido mediante su música la mayor masa que es posible que mueva una sola persona y mediante la música. Ok. Murió, y nadie se lo esperaba. Ok. Los fans están destrozados. Ok. Todo al alcance de la simple mente de Anca Elena Chirila hasta aquí. Ok. Lo que trasciende a la mente de Anca Elena Chirila es ¿por qué C**o personas que no han escuchado en su puta vida voluntariamente una canción de Michael Jackson sufren profundamente por su muerte? A lo mejor queréis llamarlo sensibilidad, y a lo mejor a mí me queréis llamar insensible, pero, desde mi punto de vista, esto es hipocresía pura! ¿Cómo si no se explica la siguiente situación? (Hipotética, por supuesto):
Antes de muerte:
'1- ¿Te has enterado de que MJ va a hacer un último tour mundial, como de despedida?
2- ¿Qué? Lo que tú digas...'
Postmortem:
'1- ¿Te has enterado de que murió MJ?
2- ¿Que ha muerto MJ?!?!? Nooooo! Dios, era mi ídolo y mi modelo a seguir! No puedo vivir con este dolor! Esparce sus cenizas por encima de mi cuerpo desnudo!!!'

Voy a tomarme un respiro, que me alteré sola con esta situación hipotética.

Voy a explicarme, por si no lo hice ya lo suficiente. No digo nada: ha muerto, es algo triste cuando alguien muere. Pero mueren muchas personas. A diario. Probablemente a la hora. O al minuto. Tampoco se trata de falta de respeto: todo lo contrario, la verdadera falta de respeto es apenas saber quién es MJ y hacerte pasar por super herido cuando muere. Según esta regla, deberías 'sufrir' por cada persona que muere. Y mueren muchas. Yo digo que lo más sencillo es, si no sufres, no hacerte el herido, y ya está. Digo solamente, vamos.

¿Sensibilidad o hipocresía?

Monday, December 14, 2009

Indiferencia pública

Mensaje automático: Hola, y bienvenido al ‘Teléfono de rescate’ del Departamento de Policía de Springfield! Si conoce el nombre del crimen que se está cometiendo, pulse uno. Para elegir de una lista de delitos, pulse dos. Si está siendo asesinado, o está llamando desde un teléfono de disco, manténgase a la espera.


El caso arriba citado es uno de ésos que es gracioso exclusivamente por su absurdidad: piensas ‘¿Te imaginas que pase algo así en la realidad? ¡Es imposible!’. No crees que alguna vez vaya a pasar algo así. Pero pasa. Y en ese momento deja de ser gracioso.

Este es el caso de una amiga, la cual, teniendo a su madre inmovilizada en la cama y con intensos dolores de riñones, decidió llamar a la ambulancia. Los argumentos presentados por los servicios públicos para no enviar la ambulancia, algunos de ellos al menos, son los siguientes: su casa no está cerca de nuestro centro (tratándose de una ciudad como Alcalá de Henares, no caracterizada precisamente por su gran tamaño), ¡pero si estás en la calle! ¿como que tu madre está enferma?, llamad a un taxi. Gracias a Dios (sí, ése que está caracterizado por su inexistencia), lo que le pasaba no era nada grave y, al final, después de una agotadora lucha, han decidido enviar la ambulancia (la cual se tuvo que desplazar casi 3 km!!!!). Pero… ¿y qué hubiese ocurrido si de verdad le hubiese pasado algo grave? ¿Será que los funcionarios son inmunes a la concienciación sobre la imprevisibilidad de la vida? Lo que para una simple persona es ‘me duele aquí’, para un médico puede ser cáncer.

Esto es una prueba de que la mala organización de los servicios públicos no es una enfermedad sólo de los países subdesarrollados (que llevan en la mayoría de los casos ‘corrupción’ como apellido), sino también en países supuestamente avanzados, como España. Los operadores de los servicios de emergencia dan muestra de una incredulidad de ninguna manera justificable en circunstancias normales. No puedes esperar piedad, ni siquiera comprensión por su parte: están acostumbrados a oír a diario un gran número de casos trágicos, lo cual les induce a la indiferencia (de otra manera les sería imposible trabajar en un puesto similar). Llegados a este punto, puedo afirmar que la verdadera enfermedad de la que somos víctimas es la indiferencia hacia el sufrimiento de los demás. No existe término que describa el actual período de la humanidad mejor que éste: la indiferencia. Eso es lo que es el capitalismo, la ley de la jungla que ya de por sí nos caracteriza, multiplicada: cada uno para sí mismo, el más fuerte sobrevive, etc.

He aquí el problema base tanto en el caso que tratamos como, especialmente, en nuestra sociedad: mientras que tú luchas por tu vida, el operador que te atiende al otro lado de la línea lucha por su sueldo.